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Solidaridad: El valor que deberíamos adoptar post pandemia

El 18 de agosto de cada año se conmemora la muerte de San Alberto Hurtado. Es por ello, que a lo largo de este mes se celebra la solidaridad en honor al filántropo. A través de una rápida búsqueda en internet es posible encontrar la definición de este valor, entendiéndolo como una “adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles”. Pero, podríamos preguntarnos ¿situaciones comprometidas o difíciles para quién?


Si respondiéramos guiándonos por aquello que nos enseñaron desde pequeños, afirmaríamos que estas situaciones deberían ser complejas para nosotros mismos, presentándolas como algo que tiene que doler, no basta con entregar lo que se pueda. Al menos eso era lo que pensaba el Padre Hurtado. También, vale responder que en realidad la situación comprometida o difícil apunta a la que está viviendo aquel a quien apoyaremos. De esta manera, el foco no se centraría en quien está siendo solidario, sino que meramente en la persona que está enfrentando problemas de cualquier tipo. La verdad es que creo que ambas afirmaciones son correctas.


Es cierto que hay veces en las que dar hasta que duela puede parecer un tanto exagerado, pero también debemos ser capaces de incomodarnos para poder ser solidarios. Y es que siempre hemos creído que para poder serlo necesitamos llevar a cabo grandes obras, pero bastaría simplemente con buscar una actitud constante y preguntarnos en nuestro día a día: ¿cómo puedo ayudar? Y esto último es lo que busco recalcar hoy, cuando pareciera ser que nos acercamos al fin de la pandemia y con ello, llega el momento de enfrentar las diversas problemáticas que nuestra sociedad deberá sufrir producto de esta crisis sanitaria. Dicho panorama conlleva a entender que los conflictos que acarreó la pandemia son interseccionales. En otras palabras, no afectan solo una esfera del sistema, sino que se relacionan entre sí y producen consecuencias en diversos ámbitos de la vida. Con todo, es imposible que todos logren llegar a cada una de las áreas; no obstante, es importante que cada uno desde su metro cuadrado pueda tomar un rol comunitario, en miras de apoyar a quienes la pandemia los ha dejado más dañados.


Al final de cuentas, las obras de gran magnitud podrán parecer pequeñas para algunos, pero para aquel que se encuentra recibiendo el apoyo pueden ser enormes. Entonces, la pregunta que debemos hacernos todos los días (y no solo cuando hay problemas de gran magnitud), y que va más allá de mí mismo, es: ¿Qué situación comprometida o difícil puede estar padeciendo el de al lado? Y ¿qué tan dispuesto estoy yo de hacer algo al respecto?

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