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Construcción de fin de semana a familia en Valparaíso

Actualizado: 12 de sep de 2019

En una acción que sirvió para reiniciar la actitud, el día sábado 7 y domingo 8 de septiembre fuimos a construir a San Roque en Valparaíso. Le construiríamos una mediagua a una señora y su hija de 6 años, que actualmente viven en un espacio muy reducido, teniendo que compartir cama y con un baño que no tiene acceso a cañerías ni ducha.


En el almuerzo pudimos saber más de la historia de ellas, y de cómo la vida las había traído hacia dónde estaban hoy. La señora, unos días de la semana, vende ensaladas que ella misma prepara en su pequeña cocina y también trabaja hace poco en una mueblería. Su hija, cuando no está en clases la acompaña en todo, y se notaba lo bien que se llevan. En los 6 años de vida de la niña han pasado por mucho juntas, incluso siendo víctimas de violencia intrafamiliar. Al vivir las dos solas, la niña estaba muy feliz de jugar y compartir con nosotros, para ella era como si hubiera una fiesta con muchos invitados. Almorzamos en el piso, compartimos vasos y platos, y fue un momento de encuentro, de reflexión y de compartir. Nos dimos cuenta de lo importante que es no perder la esperanza, sentirse acompañados y de tener una actitud positiva. Ella a pesar de todo lo que le había pasado estaba muy contenta de que la vida la estaba dando otra oportunidad y agradecida de haberse encontrado con nosotros. Tenía muchísimos planes para el futuro y pudimos ver como esta mediagua era solo el comienzo de un largo camino de mucho esfuerzo, pero que ella se mantenía determinada a recorrer, por ella y por su hija.



Esa actitud se vio reflejada en ella en todo momento y nos fue contagiando de a poquito. El primer día, cuando se requiere mayor fuerza física, éramos solo 6 voluntarios. Pero siempre dimos nuestro mayor esfuerzo, en especial porque ella y su hija nos ayudaron en cada paso, en el suelo sacando tierra y haciendo hoyos con el chuzo,  trabajando junto a nosotros para cumplir su sueño. No fuimos solos a construir, fuimos a construir con ellas.


El segundo día, cuando llegó el momento de poner el fieltro era muy tarde, se estaba oscureciendo, hacía mucho frío y el viento hacía todo más difícil. Las condiciones parecían lo peor, pero sin embargo, pusimos en práctica lo que aprendimos este fin de semana: todo depende de la actitud. Pusimos el techo, muertos de fríos, gritando cada vez que se volaba el fieltro y martillándonos los dedos en la oscuridad. Pero después de cada grito “EL FIELTROOOOO” y después de cada “AUCH” venía risa y un “vamos que se puede”. He participado en muchas construcciones, y nunca lo había pasado tan bien y me había reído tanto como en ese techo, todo porque quisimos pasarlo bien.


Este fin de semana me llevé de regalo un aprendizaje: hay que ponerle actitud a todo. A veces nos quejamos por tan poco, o con una mala actitud convertimos situaciones que no son tan graves, y que jamás podrían compararse con lo que han vivido ellas, en algo terrible.  Y lo peor, es que la actitud es contagiosa, por lo que si hacemos las cosas de malas, todos lo que están trabajando pueden verse afectados por esa actitud. Pero creo, que basta con una persona con fuerza que nos contagié con ganas y vibras positivas, para hacer del ambiente de trabajo un lugar feliz y más grato.


La señora estaba muy agradecida de habernos conocido y de que la vida nos había puesto en su camino, pero yo llegué a mi casa agradecida de haberla conocido a ella, de haber puesto una pausa en mi vida y reiniciar mi actitud para lo que queda del año. ¡Contagiémonos de actitud positiva!