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Pobreza y abandono escolar: una mirada más allá de la sala de clases

“Ah, ese niño no viene a clases porque es flojo”, “seguramente se metió en problemas”... Estas son algunas de las frases que me ha tocado escuchar a lo largo de mi carrera como profesora; frases que reflejan la percepción que algunas personas tienen sobre los niños/as, adolescentes y jóvenes en etapa escolar. ¿En qué momento empezamos a relacionar la deserción escolar con la “flojera”? ¿En qué momento nos des-responsabilizamos como sociedad de lo que siempre ha sido una prioridad: resguardar y garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes? ¿Es realmente el/la estudiante responsable de no estar asistiendo a su escuela? Escuchar frases como esas me desafían y movilizan como profesora. Me impulsan a estar permanentemente buscando nuevas formas del quehacer pedagógico para que un niño/a mantenga experiencias positivas en el contexto educativo y logre continuidad en los 13 años que corresponden a la escolaridad chilena. He tenido la experiencia de trabajar con estudiantes de realidades socio culturales muy distintas, y si hay algo que he aprendido es que la carencia es transversal. Muchas veces en el sector acomodado, contrario a la creencia popular, esta carencia tiene cara de falencias emocionales y afectivas. Y por otro lado, en la pobreza se traduce en privación de oportunidades educativas de calidad, que vienen pre-establecidas desde su nacimiento. Quisiera detenerme en este último grupo: niños, niñas, adolescentes y jóvenes que sólo por el hecho de nacer en una familia en situación de pobreza, se les arrebatan miles de oportunidades. Es decir, desde que nacen, la cancha no es pareja. Y surge la pregunta, ¿Es posible una educación de calidad en la pobreza? La educación y la pobreza son dos grandes desafíos que tenemos como sociedad. Podrían concebirse como factores que constituyen un círculo vicioso, donde la desigualdad en las oportunidades educacionales de calidad, sumado a los factores extraescolares, son una limitación para que una persona en situación de pobreza consiga las herramientas que le permitan auto-atender sus necesidades básicas (que por cierto, debiese ser algo garantizado por quienes lideran el país). Y es así como vemos que el ciclo generacional de la pobreza se repite. Detallaré algunos de los factores extraescolares anteriormente mencionados ya que se suelen olvidar y se tiende a atribuirle la responsabilidad a ese estudiante que “no viene a clases porque es flojo”. Estos factores tienen que ver con el nivel socioeconómico, capital cultural, estructura familiar, relación con sus padres/cuidadores, espacio donde se desenvuelve, etc. Son y serán componentes de vida fundamentales a la hora de preguntarnos por qué hay deserción escolar, por qué no todos terminan el colegio, o por qué no todos reciben las mismas

oportunidades de acceso a una educación de calidad. Todo esto, sin olvidar que en la base hay un tema estructural: normativas y regulaciones que claramente no están funcionando del todo bien. Si se hiciera una lista considerando todos aquellos aspectos que afectan a un niño/a en situación de pobreza, entenderíamos por qué hay repitencias e inasistencias intermitentes que terminan en el abandono escolar (y dejaríamos también de escuchar las lamentables frases como las que cité al comienzo). Para poder cuantificar este gran problema, e interpretando los resultados de la encuesta Casen del año 2017, podemos decir que 138.572 alumnos entre 6 y 21 años de edad, desertaron. Ahora bien, si consideramos los cálculos del Ministerio 1 de Educación, la cifra sube a 222.261 estudiantes . Ejemplificándolo aún más, es como si tomáramos 370 escuelas del país ¡y en cada una de ellas, desertaran 600 estudiantes! Una cifra alarmante. Mi invitación es a reflexionar en torno a estos números, y a cuestionar el funcionamiento del sistema educativo y el rol de todos aquellos profesionales de la educación en lo que respecta a la deserción escolar. Pero no desde una visión asistencialista que preste socorro a aquellos individuos en condiciones de vulnerabilidad, sino desde el repensar ciertas políticas públicas. Como profesora, siento un fuerte alivio al saber que cada vez hay más personas conscientes y dispuestas a generar un cambio positivo; personas que aportan esperanzas y oportunidades a quienes muchas veces quedan excluidos. Las siguientes palabras van dedicadas a ustedes, voluntarios de Must, que viernes a viernes van a apoyar a esos niños/as maravillosos. Ustedes les brindan las oportunidades de aprendizaje, contención y apoyo que algunos podrían no encontrar en casa o en el colegio. El rol que cumplen es importantísimo, tiene un fuerte impacto en la vida de esos niños y muchas veces deberemos impulsarlos a soñar en grande. Recuerden siempre hacerlos sentir únicos y capaces de mucho. No olvidemos que cada uno de esos niños y niñas son parte del futuro de Chile.



Sofía Jury V. Profesora de Educación Básica, Mención Cs. Naturales.


1 Casen, 2017. En Hogar de Cristo. “Desescolarización, exclusión educativa y el desafío del reingreso escolar en Chile”, 2019.


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