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Testimonio: Agustín Ibieta y su voluntariado en Brasil.

Agustín Ibieta, ex miembro del equipo MUST y actual miembro de EMPRENDE CON SENTIDO, nos comparte su experiencia:



“Buena mis cabros/as. Para los que no saben, estoy haciendo un voluntariado en Fortaleza, Brasil. Quería compartirles un poco lo que han sido estas 3 semanas y un par de cosas que me han pasado, más que nada en el sentido de lo que se me entrega en esta experiencia. Escribo para quizás motivar a quienes estén leyendo a emprender en trabajos con sentido social, cualesquiera sean sus nombres, instituciones o instancias personales, ya que en mi experiencia éstos han sido grandes formadores de mi persona.

Llegué a Fortaleza básicamente queriendo hacer un viaje con foco en lo social en un lugar donde lo único que conocía eran las fotos de google de playas bonitas, a las que iba a ir después de cumplir mis horas en el trabajo (15:00 hrs). Al llegar, caí en la cuenta de que la historia iba a ser muy distinta. Estoy en una ciudad gigante que se oscurece a las 18:00, que tiene cerca de 4 millones de habitantes por lo que se imaginarán, hay posibilidades nulas de ir a la playa después de trabajar. Los recursos faltan o se los roban, el desorden sobra y la violencia se siente cómoda en un ambiente de descontrol total.


La ONG donde trabajo queda en una de las favelas más peligrosas de Fortaleza, y específicamente en la frontera que separa el "territorio" del Comando Vermelho con el Comando Capital, las dos grandes facciones de crimen organizado en Brasil. Cuando algún miembro de la facción contraria cruza esta línea (a 10 metros app de la ONG) es balacera segura, es una muerte de un miembro o de un inocente interceptado por una bala perdida. Los policías o son corruptos o simplemente no entran a este lugar, y se entiende, como dije, se respira la violencia y la tensión. Para que se hagan una idea, este año a la fecha en Fortaleza han muerto cerca de 600 personas (no tengo el número exacto, pero va por ahí) por homicidios deliberados o balas perdidas por ajustes de cuentas entre las facciones. Este año me refiero a Enero y lo que va de Febrero. Una semana antes de que llegara, como venganza a una muerte de un líder, entraron a un local y mataron a 18 personas, entre ellos 2 niños. Claro, como es normal y no es EEUU creo que no salió en las noticias internacionales.

Ahora, eso es solo un poco de contextualización. Eso es el dónde y por qué estoy trabajando donde estoy, cosa que no sabía antes de venir tampoco. La verdad no tenía idea a lo que venía.


La ONG está a cargo de dos pastores evangélicos que en conjunto con voluntarios y voluntarias llevan a cabo un trabajo precioso. Desde tener a niños desde los 2 años al cuidado de señoras para que sus mamás salgan a trabajar sin preocupaciones, hasta jóvenes de 18-20 años con clases y actividades dentro de la misma. El objetivo de su trabajo es tener a los niños seguros y a los jóvenes fuera del alcance de las facciones, las que van fichándolos desde chicos con trabajos pequeños hasta que ya para salir de éstas se pone dificilísimo. Aquí hay una particularidad ya que las facciones no se meten en la ONG, y esto va de la mano de la religión. Inexplicablemente son terriblemente creyentes y todo lo fundan en Dios, por lo que a la ONG se le respeta, solo de la puerta para adentro, y justamente es dentro de esta puerta donde pasan cosas increíbles.


De lo que más me he sorprendido es de la alegría y la simpleza del pueblo brasilero. De lo buenos que son para reír, acción que creo sana el alma y deja de lado los problemas mundanos. Lo buenos que son para cantar, para bailar, para celebrar, para conversar. Son la descripción de ser sociable. Específicamente los niños, son inquietos y les cuesta concentrarse, pero quieren conocerte y se interesan por tu persona. Tienen una capacidad de disfrute con cosas pequeñas de las cuales me he sorprendido enormemente y me he dado cuenta que nosotros, o nuestros cercanos no las tienen. Son educados, respetuosos, generosos y colaboradores. Conocen el trabajo en equipo desde que nacen, porque como todo hace falta hay que unir fuerzas para lograr todo lo que quieran.


Me tocó presenciar una escena preciosa, en donde la "jefa" administrativa compró una torta para celebrar los cumpleaños de enero y febrero. Eran 5 niños cumpleañeros más 20 aproximadamente alrededor de una mesa. Niños que no ven una torta si no es por estas ocasiones (uno me lo confesó). Sus caras de ansiedad y desesperación por comer un pedazo no daban para más, pensé que en cualquier momento se tiraban encima de la torta. Pero no. Primero cantaron cumpleaños feliz, luego se tomaron de las manos, cerraron los ojos y todos juntos rezaron con la jefa (estamos hablando de niños de favela de 8 años) y más encima luego de rezar, esperaron que les sirvieran a todos sus respectivos pedazos, y pasaron los primeros pedazos a las niñas, que eran como 4. Y todo esto lo cuento porque no podía creer sus caras de felicidad y satisfacción a la hora de probar la torta. Algo tan simple, tan cotidiano para algunos, en este caso fue un regalo de Dios para los niños, quienes se respetaron, compartieron y agradecieron como adultos de lo más educados.


Cosas así pasan a diario, y cuando pienso en el contexto social comparado con las acciones que veo dentro de la ONG, me sobra la esperanza y me dan el triple de ganas de estar donde estoy.


Por mucho peligro, violencia y descontrol que haya, hay una cantidad de esperanza puesta en estos niños que creo solo puede dar cosas buenas. Hay voluntarios, hay padrinos, hay pastores, hay guardias que están trabajando todos por este objetivo común, cuidar a las próximas generaciones de la violencia y los peligros de una sociedad bizarramente corrupta y desigual. Y lo más importante, hay compasión y amor desinteresado al prójimo, y no hablando de la perspectiva religiosa de esta frase, sino de nuestra propia naturaleza: el SER humano.”

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